NOSSAS REDES SOCIAIS

  • Facebook
  • Twitter
  • Instagram
Buscar

“La Adopción a la luz de la filosofía de vida de Bert Hellinger. Algunas consideraciones”.

Por María Teresa Rodríguez Valls.

Letrada de la Administración de Justicia. España.

Formada en Psicología Sistémica con el enfoque de Bert Hellinger.

Formada en Derecho Sistémico.


---------------------------

Hace un tiempo los medios de comunicación se hicieron eco del caso de una pareja española que, tras adoptar a una niña en India, fue devuelta a los servicios sociales al descubrir que la misma no tenía siete años como les habían indicado, sino trece.


Más allá de la dura realidad que esta noticia encierra, me gustaría dar a conocer algunos de los principios que la filosofía del pensador Bert Hellinger[1] mantiene acerca de la adopción.


1. La familia: nuestro primer sistema.


Todo niño nace dentro de una familia.


Esta familia, en la visión hellingeriana, constituye un sistema que se integra por todos aquellos que le han precedido y con los que comparte una historia y una genética. Pero además comparte un campo morfogenético de información.[2]


Sus padres biológicos pueden no poder, no querer o carecer de fuerza para seguir adelante con su cuidado y atención. Puede que sean ambos, o quizás sólo uno de ellos, quien decide dejarlo para que sea atendido por otras personas.


Normalmente son instituciones públicas las que se hacen cargo de esos niños. Y posteriormente se pueden iniciar procedimientos de adopción según la legislación que cada país.


Desde el Derecho español se han dictado diferentes normas que regulan el procedimiento de adopción tanto de carácter nacional como internacional. [3]. En toda la regulación legal aparece “el interés del menor” como el principio que debe inspirar toda actuación legal.


2. Los padres biológicos del menor adoptado: su primer sistema.


Más allá de caso de la menor rechazada por su edad (al que más adelante me referiré), una postura sistémica ante la adopción exige ver al menor en un contexto mayor siempre, al cual pertenece.


Y el primer contexto de un nacido lo representan sus padres biológicos, y todos los parientes de ese sistema familiar primigenio. En el seno del mismo, se dan una serie de relaciones entre sus integrantes que comparten un campo de información común.


¿Qué ocurre con el menor que va a ser adoptado [4]?.


Pues que sea cuál sea su peripecia vital, sus padres biológicos van a ser para él sus progenitores siempre. Él es cincuenta por ciento ese padre biológico y cincuenta por ciento esa madre biológica. Su alma sabe, aunque no los haya conocido. Y también que, como consecuencia él pertenece a un sistema formado por esos padres, abuelos, bisabuelos, biológicos….


Esta afirmación no es una obviedad. En relación a la adopción lo que se ha observado mediante el uso de las constelaciones familiares[5] es que muchas veces, el menor adoptado encuentra negado su origen real, por sus padres adoptivos. [6]


Y se encuentra dividido.


De un lado ve y siente a sus padres adoptantes amorosos, velando por su bienestar y educación.


Y de otra el niño adoptado “sabe” (aunque no se lo digan) que además de su encantadora familia de adopción, el pertenece a otro lugar. Él sabe. Su alma sabe. Y pide a gritos silenciosos, poder mirar hacia allí.


Sin embargo, cada vez más, llegan noticias de niños adoptados con dificultades de comportamiento, escolares, de integración, etc…sobre todo a la hora en que llega el inicio de su individualidad con la adolescencia.


Las constelaciones familiares han mostrado que el alma de ese menor no descansa, y ese niño está inquieto, y lo traduce con esos comportamientos desajustados que a su vez desorientan a sus padres biológicos. ¿Qué busca el niño? ¿Dónde mira, para no estar presente y cómodo en su amoroso nuevo entorno?


¿Quién tiene la llave? Pues, como no podía ser de otro modo, los padres adoptivos siempre que sean capaces de “mirar el origen” del pequeño.


3. Los padres adoptivos: el reconocimiento sistémico a los padres biológicos.


¿Qué implica mirar el origen por parte de los padres adoptivos? Pues darle el reconocimiento como padres biológicos del niño. Sin ellos, no existiría el menor.


Orden, porque ellos fueron primero y los padres adoptantes llegaron después.


Es un reconocimiento interno, humilde. No hace falta una declaración externa.


Es una actitud evidente de saberse segundos (y no únicos papás).


Sólo así, su hijo se sentirá visto completamente, porque si los padres adoptivos no miran a los biológicos, no están viendo a su hijo, ya que éste está constituido cincuenta por ciento de ese papa y mama no vistos.


Algo elemental como lo descrito, no tiene lugar la mayor parte de las veces. [7]


Unas, la mayoría, por desconocimiento del pensamiento sistémico.


Otras, por una actitud de los padres adoptivos que tratan de compensar “lo difícil” que le ha tocado vivir al niño desde el nacimiento, considerando que ellos lo podrán hacer mejor que los “biológicos” que lo abandonaron…


Esta actitud de juzgar es completamente atrevida.


¿Quién sabe qué ocurrió en aquel momento? ¿Qué razones o que acontecimientos influyeron?


Con esa actitud de cierta superioridad moral, obvian que la vida del niño fue posible gracias a que la gestación culminó. Y eso ya es mucho.


El alma familiar, el inconsciente colectivo familiar, obedece a reglas muy simples. Pero de tan simples que son, a veces no las vemos.


El “superior interés del menor”, que guía todas las actuaciones públicas del Estado en materia de adopción, más allá de su bienestar físico, incluye también su bienestar emocional.


Toca mirar al origen real de ese hijo, a esos padres biológicos y agradecerles que hayan dado vida a ese nuevo ser.


Porqué lo que está detrás de ese acto de reconocimiento de los padres adoptantes a los biológicos, es un permiso para que ese menor a su vez, pueda mirar su origen “sin culpa”. Ocurre que muchas veces, por lealtad a los padres adoptivos que no quieran mirar su real origen, el niño no preguntará, no hablará de él… para no disgustarles. Pero él sabe, mejor que nadie, que algo hay diferente.


Es difícil imaginar el conflicto que un menor vive en su interior con esta situación, que le está negando “de facto” el origen de su propia existencia.


Se puede ver en un trabajo con constelaciones que, el mero hecho de que los padres adoptantes verbalicen expresamente su reconocimiento a la existencia de los padres biológicos y les agradezcan por hacer conservado la vida y alumbrado al menor, genera un efecto muy positivo en todos, y especialmente en el niño que experimentará paz y tranquilidad. Es posible que cesen comportamientos inestables, que pueda concentrarse totalmente en sus estudios, etc…


4.- Iniciativas legales para conectar con el origen biológico del menor.


El paso del tiempo ha generado diferentes modificaciones legales que van encaminadas a que no se pierda por completo el contacto del menor con su familia biológica.


En este sentido, la más reciente en España la Ley 2/2015 de 28 de julio de modificación del sistema de protección a la infancia y a la adolescencia, incluye la denominada “adopción abierta” junto a la tradicional adopción (llamada cerrada).


En la adopción abierta, padres biológicos y los padres adoptantes conocen la identidad de unos y otros. Con frecuencia hay un contacto directo entre ellos, y los expertos creen que esta opción es la más saludable emocionalmente para los implicados.


En este sentido coincidiría plenamente con el enfoque sistémico que hemos descrito.

5 . Casos de devolución de menores adoptados.


Se trata de una pareja española que devuelve, tras convivir tres meses, a una niña adoptada en la India por tener una edad (13 años) diferente a la que se les había indicado (7 años). [8]


Varias cuestiones se plantean a la luz de este supuesto:


a).- Ya hemos indicado que toda la legislación, internacional y española, pone hincapié en señalar como verdadero centro del proceso de adopción: el “interés del menor”.


b).- En opinión de Bert Hellinger, lo deseable sería que alguien de la familia (materna o paterna)quien pudiera hacerse cargo del menor .Esta es la opción más deseable sistémicamente. De este modo, el niño no se ve sometido a los cambios inevitables que vivirá en otro entorno y se mantiene dentro del “sistema familiar de origen”.


c).- Por diferentes razones muchas veces no es posible la opción anterior. Por lo que en casi todos los países se han creado organismos oficiales de beneficencia, donde los niños que han sido dejados por sus progenitores, son atendidos y en muchos casos a la espera de que algún día se produzca su adopción o acogimiento, conforme a la legislación nacional respectiva.


d).- Para una pareja adoptante lo más importante debe ser hacer un auto-examen responsable y tener claro que por encima de la necesidad de satisfacer su deseo de maternidad/paternidad debe estar el deseo de proporcionar amor y una buena vida a un menor. Es decir, debe ponerse honestamente, el foco en el pequeño desde el principio. El deseo debe ser proporcionar un ámbito afectivo y de bienestar seguro a un niño que carece de él.


Sí, por el contrario, la pareja con deseo de ser papás se forma una idea de cómo va a ser su familia y de cómo va a ser el objeto de su “amor” es evidente que cualquier cambio en cuanto a lo que se “prometían encontrar”, les va a defraudar.


En el caso de la pareja española que devuelve a la joven de trece años porque les dijeron que tenía siete, más allá del engaño, se pone de manifiesto que el interés que les condujo no fue tan grande que pudiese albergar a cualquier niño necesitado de afecto, sino que no son capaces de extender su capacidad de amar a quien tiene trece años y también desea estar adoptado.


Enormemente duro para la menor.


No juzgo a esos padres. Su comportamiento ha revelado que no están preparados para ser padres. Sí no pueden serlo con una niña de trece años, quizás tampoco para una de siete años. Mejor así y ahora.


6. Últimas reflexiones:


- Estos padres españoles quizás con su actuación han permitido que de nuevo veamos que la adopción no es un juego. Que no podemos tenerlo todo tal y como desearíamos, y muchos menos, la vida de un niño a nuestro gusto.


- Que no se puede olvidar que todo niño que este en un orfanato merece tener amor. Pero amor que no sea exigente, que respete el sistema de origen y el país del menor.


- Que no necesariamente los papas adoptivos de países más desarrollados cultural o económicamente van a proporcionar una mejor vida a niños. Que estos pueden desarrollarse felizmente en instituciones de salud pública que estén en buenas condiciones en sus propios países (y para ello deben velar sus poderes públicos)


- Que los padres adoptivos no son “salvadores” de los niños que son adoptados, ni estos son “victimas”.


- Que una buena adopción, para quien quiera desarrollarla con enfoque sistémico, requiere:

· Mirar a los padres biológicos siempre y con gratitud por ser los primeros.


· Hablar al niño de sus padres biológicos (cuando tenga la edad adecuada), para que sepa que a través de ellos a él le ha llegado la vida, por lo que debe estarles agradecido también.

· Hablarle de su país o idioma de origen, raza o cualquier otro elemento que le conecte con el sistema primario del cuál proviene y al que siempre va a pertenecer.


· Reconocer que la adopción se hace para darle amor, bienestar y cuidados a ese niño y que este es el interés que les ha movido.

[1] Bert Hellinger es un pensador alemán que a través de su pensamiento y de la dinámica denominada “Constelaciones Familiares” descubrió como dentro de los sistemas existe un alma y una conciencia regidas por una serie de reglas aplicables a todas las relaciones que dentro del mismo se generan. Tras la observación a través del método fenomenológico, ideó una serie de mecanismos de solución para los problemas y desencuentros que en los sistemas (la familia es uno de ellos) se generan. La denominación “constelaciones” surge en paralelo al concepto de constelaciones de estrellas en astronomía que se definen como “agrupaciones convencionales de estrellas cuya posición en el cielo nocturno es aparentemente invariable”.


La perspectiva sistémica de la familia, los conceptos de conciencia personal, colectiva y arcaica, las dinámicas subyacentes, los enfoques reconciliadores que persiguen la paz en el alma de los individuos son los grandes logros conseguidos por el trabajo de Bert Hellinger.

Y ha tenido un enorme impacto en el campo de la psicología, de la pedagogía, de la salud, y ahora del Derecho, especialmente en Brasil.[1] El Poder Judicial allí cumple lo dispuesto por la legislación brasileña y estimula todas las iniciativas que puedan aliviar la carga procesal de los juzgados. El uso de técnicas sistémicas en diferentes formatos, se está extendiendo en el país sudamericano con gran éxito. https://www.cnj.jus.br/?s=constela%C3%A7ao


[2] Los campos morfogenéticos contienen campos de información compartidos entre miembros de una especie que son transmitidos a través de un fenómeno denominad “resonancia mórfica”. Aquellas cosas que han ocurrido con mayor frecuencia y con mayor cercanía, tienen mayor posibilidad de volver a ocurrir y transmitirse entre miembros de una especie. La familia funciona como campo de memoria también de esos acontecimientos que pueden repetirse de modo inconsciente. Ver obra de Rupert Sheldrake, escritor, bioquímico y biólogo británico.


[3] * Adopción Nacional. Ley 21/1997. Y posteriormente Ley 2/2015 de 28 de julio de modificación del sistema de protección a la infancia y a la adolescencia. (que incluye la adopción abierta).

* Adopción Internacional.- Convenio de las Naciones Unidas sobre los derechos del niño, de 20 de noviembre de 1989, en la Declaración de Naciones Unidas sobre los principios sociales y jurídicos aplicables a la protección y al bienestar de los niños, considerados sobre todo desde el ángulo de las prácticas en materia de adopción y de colocación familiar en los planos nacional e internacional (Resolución de la Asamblea General 41/1985, de 3 de diciembre de 1986), en el Convenio relativo a la protección del niño y a la cooperación en materia de adopción internacional, hecho en La Haya el 29 de mayo de 1993, ratificado por España mediante Instrumento de 30 de junio de 1995.


[4] No empleo la expresión “abandonado”. Me parece importante cuidar el lenguaje ante circunstancias humanas que desconocemos. “Dejar a un niño” es una acción que puede significar, paradójicamente, el deseo de que sobreviva y tenga una oportunidad. Mantener su vida, con el embarazo y alumbramiento, son indicios evidentes de ello.


[5] Actividad por la cual se pueden “mirar” las dinámicas que se dan dentro de la conciencia colectiva de un grupo.


[6] Vuelvo a reseñar el aspecto inconsciente en el que todos estos aspectos se dan.


[7] De hecho la ley española Ley 54/2007 de 28 de diciembre, en su artículo 12 reconoce el derecho del adoptado a conocer sus orígenes biológicos. Este derecho legal a saber la “verdad” responde a la necesidad “vital” de muchos adoptados de buscar y recibir más información acerca de lo ocurrido antes de ser adoptado. Es una inquietud muy generalizada cuando se conoce el hecho de “ser adoptado”, siempre que no se mantenga la lealtad con los padres adoptantes silentes.


[8] https://elpais.com/politica/2018/09/02/actualidad/1535914929_070931.html

55 visualizações