“La Adopción a la luz de la filosofía de vida de Bert Hellinger. Algunas consideraciones”.

Por María Teresa Rodríguez Valls.

Letrada de la Administración de Justicia. España.

Formada en Psicología Sistémica con el enfoque de Bert Hellinger.

Formada en Derecho Sistémico.


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Hace un tiempo los medios de comunicación se hicieron eco del caso de una pareja española que, tras adoptar a una niña en India, fue devuelta a los servicios sociales al descubrir que la misma no tenía siete años como les habían indicado, sino trece.


Más allá de la dura realidad que esta noticia encierra, me gustaría dar a conocer algunos de los principios que la filosofía del pensador Bert Hellinger[1] mantiene acerca de la adopción.


1. La familia: nuestro primer sistema.


Todo niño nace dentro de una familia.


Esta familia, en la visión hellingeriana, constituye un sistema que se integra por todos aquellos que le han precedido y con los que comparte una historia y una genética. Pero además comparte un campo morfogenético de información.[2]


Sus padres biológicos pueden no poder, no querer o carecer de fuerza para seguir adelante con su cuidado y atención. Puede que sean ambos, o quizás sólo uno de ellos, quien decide dejarlo para que sea atendido por otras personas.


Normalmente son instituciones públicas las que se hacen cargo de esos niños. Y posteriormente se pueden iniciar procedimientos de adopción según la legislación que cada país.


Desde el Derecho español se han dictado diferentes normas que regulan el procedimiento de adopción tanto de carácter nacional como internacional. [3]. En toda la regulación legal aparece “el interés del menor” como el principio que debe inspirar toda actuación legal.


2. Los padres biológicos del menor adoptado: su primer sistema.


Más allá de caso de la menor rechazada por su edad (al que más adelante me referiré), una postura sistémica ante la adopción exige ver al menor en un contexto mayor siempre, al cual pertenece.


Y el primer contexto de un nacido lo representan sus padres biológicos, y todos los parientes de ese sistema familiar primigenio. En el seno del mismo, se dan una serie de relaciones entre sus integrantes que comparten un campo de información común.


¿Qué ocurre con el menor que va a ser adoptado [4]?.


Pues que sea cuál sea su peripecia vital, sus padres biológicos van a ser para él sus progenitores siempre. Él es cincuenta por ciento ese padre biológico y cincuenta por ciento esa madre biológica. Su alma sabe, aunque no los haya conocido. Y también que, como consecuencia él pertenece a un sistema formado por esos padres, abuelos, bisabuelos, biológicos….


Esta afirmación no es una obviedad. En relación a la adopción lo que se ha observado mediante el uso de las constelaciones familiares[5] es que muchas veces, el menor adoptado encuentra negado su origen real, por sus padres adoptivos. [6]


Y se encuentra dividido.


De un lado ve y siente a sus padres adoptantes amorosos, velando por su bienestar y educación.


Y de otra el niño adoptado “sabe” (aunque no se lo digan) que además de su encantadora familia de adopción, el pertenece a otro lugar. Él sabe. Su alma sabe. Y pide a gritos silenciosos, poder mirar hacia allí.


Sin embargo, cada vez más, llegan noticias de niños adoptados con dificultades de comportamiento, escolares, de integración, etc…sobre todo a la hora en que llega el inicio de su individualidad con la adolescencia.


Las constelaciones familiares han mostrado que el alma de ese menor no descansa, y ese niño está inquieto, y lo traduce con esos comportamientos desajustados que a su vez desorientan a sus padres biológicos. ¿Qué busca el niño? ¿Dónde mira, para no estar presente y cómodo en su amoroso nuevo entorno?


¿Quién tiene la llave? Pues, como no podía ser de otro modo, los padres adoptivos siempre que sean capaces de “mirar el origen” del pequeño.


3. Los padres adoptivos: el reconocimiento sistémico a los padres biológicos.


¿Qué implica mirar el origen por parte de los padres adoptivos? Pues darle el reconocimiento como padres biológicos del niño. Sin ellos, no existiría el menor.


Orden, porque ellos fueron primero y los padres adoptantes llegaron después.


Es un reconocimiento interno, humilde. No hace falta una declaración externa.


Es una actitud evidente de saberse segundos (y no únicos papás).


Sólo así, su hijo se sentirá visto completamente, porque si los padres adoptivos no miran a los biológicos, no están viendo a su hijo, ya que éste está constituido cincuenta por ciento de ese papa y mama no vistos.